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Cambio de paradigma: en EE.UU. ya recomiendan usar barbijos para prevenir contagios

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Hay un mantra que médicos y especialistas repiten sobre el coronavirus: “hace apenas tres meses que lo identificamos y todos los días descubrimos cosas nuevas de su comportamiento”. Esa misma máxima se aplica a la prevención de su contagio: hasta ahora los expertos sabían que éste ocurría, básicamente, por medio de partículas virales “viajando” en gotitas de saliva expulsadas al toser o estornudar. Pero ahora están comenzando a aparecer nuevos datos que indican la posibilidad de que también expulsemos el virus al hablar o respirar en forma normal. Y ésta debatida alternativa de contagio tiene una consecuencia directa en la prevención y reabre el debate sobre si todas las personas deberían usar barbijos al salir de un ámbito seguro.

El debate surgió el jueves pasado cuando Harvey Fineberg, un prestigioso médico de EE.UU, que dirige el Comité de Enfermedades Infecciosas de la Academia Nacional de Medicina escribió sobre este tema ante una consulta hecha por los asesores científicos de Donald Trump. Y allí detallaba que, aunque los estudios actuales no son aún concluyentes, lo cierto es que parecería posible que el virus se aerosolize y pueda “viajar” montado en microgotitas de saliva emitidas mientras respiramos normalmente”.

Esta posibilidad contradice lo que hasta ahora explican la mayor parte de los organismos de salud internacionales, incluyendo la OMS. Estos insisten, por ahora, que la forma principal de transmisión del virus se hace a través de gotitas “grandes”, de alrededor de un milímetro de diámetro, que sólo son expulsadas cuando tosemos o estornudamos. Luego, la fuerza de gravedad hace que esas gotitas caigan sobre el suelo en un radio no mayor a entre 1 y 2 metros alrededor de la persona infectada.

Sin embargo, si se verifica que el virus puede “montarse” y viajar en gotitas menores a 5 micrómetros de diámetro -las producidas al exhalar y hablar normalmente- la protección para evitar contagios se vuelve más compleja. Y esto abre otra puerta hasta ahora cerrada: considerar la idea de que todas las personas utilicen máscaras faciales protectoras (barbijos) para ayudar a contener la transmisión del virus, especialmente los “emitidos” a partir de los portadores asintomáticos.

No se refería al famoso barbijo “N95” que es de uso profesional, sino a los barbijos comunes, incluso los caseros, que aunque no son de gran calidad, su uso en zonas no seguras (como el exterior del hogar) igual podrían contribuir a disminuir la tasa de contagio.

Otra consideración que están analizando los expertos es que si este virus puede estar “aerosolizado” dentro de microgotas de hasta 5 micrones, también es mayor el tiempo que puede permanecer “suspendido” en el aire y, eventualmente, contagiar a alguien que las respire. Ese tiempo de suspensión se extendería así a alrededor de 3 horas antes de que la gravedad haga su trabajo y las haga caer sobre alguna superficie horizontal como una mesa o, directamente, el piso.

“Con este virus hay todavía muchas cosas que estamos aprendiendo sobre la marcha. Y tenemos el desafío de actuar en cada momento en función de lo que vamos descubriendo”, le explicó el doctor Eduardo Silvestre, jefe del Área Ambulatoria del Hospital Garrahan y divulgador científico del Grupo Medihome, “Sobre cada tema médico y preventivo hay recomendaciones y normativas a las que se llega en base a evidencias científicas. Y no podemos ir cambiándolas a cada momento en función de situaciones variables o anecdóticas de algunas personas. En este caso en particular todos estamos siguiendo lo que propone la OMS. Sobre esta nueva posibilidad de contagio es, por ahora, una sospecha que deberá ser verificada. Cambiar de conducta sin suficiente evidencia puede ser muy contraproducente“, finalizó.