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Por las etiquetas negras, 1 de cada 4 argentinos dejó de consumir cierto tipo de alimento

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Competencia. Algunas categorías de alimentos enfrentarán una fuerte competencia por lo saludable, como las galletitas, cuya penetración en Argentina es del 95%
Competencia. Algunas categorías de alimentos enfrentarán una fuerte competencia por lo saludable, como las galletitas, cuya penetración en Argentina es del 95%
  • Tras 12 meses de reglamentada la ley, una encuesta indagó las opiniones de los consumidores argentinos.
  • Siete de cada diez afirman conocer de qué se trata. Sin embargo, solo el 28% afirma conocer “bastante” o “mucho” lo que indica esta ley. 
  • Ocho de cada diez consultados que dicen conocer su contenido afirman estar de acuerdo con ella. La mayoría de las personas consideran que las ayudará a “conocer mejor lo que comemos”.

Tras el vencimiento, hace un par de semanas, de los plazos para la implementación de la Ley de Etiquetado Frontal, las góndolas de los supermercados comienzan, de a poco, a poblarse de productos elaborados cuyos envases ostentan una –o varias– etiquetas negras con advertencias sobre lo saludable de su contenido. Ante esta novedad, un reciente estudio de consumo indagó acerca de cuáles son las primeras reacciones de los consumidores frente a la proliferación de sellos.

“Pero lo pronto, ante la pregunta: ¿ya viste en las góndolas algún producto que compres habitualmente con los sellos de la ley?, prácticamente seis de cada diez (el 59%) afirmó que sí. O sea que es algo que empieza a notarse”, le contó a PERFIL Sofía Ruano, ingeniera industrial especializada en consultoría de marketing y autora de la investigación. Pero lo más interesante es que la presencia de las etiquetas negras parece comenzar a influir en las decisiones de compras y en la elección del producto: “En nuestro trabajo de campo, el 24% de los encuestados afirmó haber abandonado alguna categoría de alimentos debido a la presencia de sellos. Este número es uniforme a lo largo y ancho de la pirámide social”.

Sin embargo, la propia experta hace una aclaración necesaria: “Si bien es un número alto, hay que tener en cuenta que en estas respuestas suelen ocultarse ciertos sesgos: a veces pasa que las personas tienden a responder lo políticamente correcto ante estas encuestas”.

De todos modos, vale la pena anotar otro dato. A la pregunta: ¿qué categoría de alimentos dejaste de consumir debido a la presencia de etiquetas de advertencia? “Las respuestas de aquellos más ‘dejados’ incluyeron los panificados (16%), galletitas dulces (16%) y lácteos (10%). Menos ‘abandonadas’ fueron otras categorías como quesos (6%) y productos congelados (6%). Pero, ¿qué categoría fue la “menos” abandonada, pese a los flamantes avisos sobre su poca salubridad? “Pastas, arroz, legumbres. Y –sobre todo– aderezos y salsas”. Estas últimas “cayeron” fuera del favor del consumidor en apenas un 2%, lo que habla de la fidelidad, o la indulgencia personal, a ciertas categorías.

Ruano también recordó que este proceso de cambio está aún en plena transición: “Por un tiempo, al menos por un año, creo que seguirá habiendo confusión para entender bien los sellos”. Por otra parte, todavía falta que se sumen muchas empresas, especialmente las pymes, que tienen más tiempo para implementarlas.

En este campo, la consultora se anima a hacer algunos pronósticos: “Es interesante lo que puede pasar con el abandono de las marcas, dentro de ciertas categorías. Muchas veces ocurre que el consumidor no desea dejar de consumir una categoría y, por eso, puede llegar a cambiar de marca, buscando un productosmás saludable”. Un ejemplo posible son las galletitas, categoría de gran desarrollo local y que es un producto con una penetración del 95% en hogares. “Es muy posible que en ese segmento se vayan cambiando marcas, mientras la gente busca las que ofrezcan más salubridad”.

¿Qué ocurre entre los consumidores más jóvenes y –en teoría– más conscientes? “Ese grupo es menos propenso a abandonar un producto por sus sellos y el principal decisor de compra sigue siendo el precio”, explicó Ruano. Los jóvenes tienen tendencia hacia la salubridad y el consumo responsable, pero también sufren fuerte la limitación económica. Por otro lado, a esto se le suma una tendencia a la indulgencia y al placer accesible, dado que hay restricciones de acceso al consumo de bienes durables de alto monto. Todo indica que en los estratos económicos altos se elegirá la opción con menos sellos. Pero si el dinero no alcanza, se eligirá el producto económico.

La experta no dejó de recordar que el factor esencial, en todos los grupos sociales, es el alza del costo de vida y la pérdida de poder adquisitivo. “Por más que haya productos saludables, ricos y atractivos, de nada sirve su presencia en góndola si son caros”. Y finalizó: “En los próximos meses seguirá primando como decisor el precio, por encima de las opciones saludables. No es novedad que el bolsillo ‘mata’ etiquetas y salubridad. Este driver, además, afecta por igual a todos los segmentos y no solo a los de menor poder adquisitivo”.

Otra visión interesante la aportó la nutricionista Mercedes Ganduglia. Esta experta, que dicta talleres de nutrición para pacientes, dijo que, según la encuesta nacional de 2018, solo el 15% de los argentinos entendía las etiquetas alimentarias. “En mi actividad, noto que están sirviendo, al menos en algunos casos, para sensibilizar sobre el consumo de alimentos ultraprocesados, particularmente entre quienes no miraban la información. Hay casos de alimentos que mis pacientes consideraban relativamente saludables y ahora encuentran sellos en el envase (quesos untables y barritas de cereal)”. De todos modos, según la experta, a muchas personas les resulta difícil saber qué priorizar al tener acceso a tanta información. “En ese sentido falta educación alimentaria para poder elegir mejor. Y lo que debe tenerse en cuenta es que son una herramienta para comparar alimentos de un mismo grupo. En esos casos, a menos sellos, mejor”.

Finalmente, dejó un interrogante: ¿qué impacto pueden tener las advertencias en las personas con trastornos alimentarios? Algunos pueden obsesionarse con comer saludablemente y querer evitar todos los sellos.

¿Los sellos en los alimentos envasados sirven o no sirven?

Según un reciente documento publicado por la Organización Panamericana de la Salud, “existe evidencia que indica que el sistema de sellos permite captar la atención en poco tiempo, lo que es útil ya que se ha observado que los consumidores toman una decisión de compra de alimentos en menos de cinco segundos. Además, no requiere de un esfuerzo cognitivo que exija conocer sobre nutrición ni hacer cálculos”.

Para Sebastián Laspiur, consultor de la OPS/OMS en Argentina, “en los países que lo aplican desde hace unos años, como Chile, las advertencias octogonales han tenido buenos resultados ya que las personas redujeron el consumo de productos con exceso de nutrientes críticos y prefirieron los que no tenían sellos, lo que implicó un beneficio para su salud”, señaló. Además, las empresas comenzaron a reformular sus productos para evitar ser destinatarias de sellos.

Por su parte, la doctora Juliana Mociulsky, experta en obesidad y diabetes, y directora en Codyn, dijo: “Creo que los sellos funcionan como una advertencia, pero no ‘educan’. Sí son elementos positivos otras cosas que figuran en la ley, como la reglamentación de marketing en los alimentos para niños, y eso ayudará a que las empresas empiecen a evaluar la calidad de los ingredientes”. Y concluyó: “La ley sí o sí debe estar acompañada de una mayor educación alimentaria a la población”.

Enrique Garabetyan