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¿Qué se sabe hoy sobre la duración de las defensas contra el SARS-CoV-2?

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La respuesta defensiva tiene muchos actores, cada uno con funciones específicas.
La respuesta defensiva tiene muchos actores, cada uno con funciones específicas.

Las evidencias apuntan a que las defensas contra la covid-19 de las personas que ya lo han superado duran varios años.

¿Cuánto tiempo pueden durar y seguir siendo efectivas las defensas que se generan naturalmente por el organismo tras una infección de Coronavirus? ¿Y cuánto dura las que se generan con las vacunas?

La respuesta es simple: no se sabe todavía.

“El corto periodo de relación de pandemia hace que se desconozca aún la duración de la memoria inmune y la inmunidad protectora después del Covid-19 y en respuesta a las vacunas“, se afirma en un reciente informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).

Primeros trabajos para estudiar la duración de la inmunidad

Los primeros trabajos con pacientes casi un año después de la infección apuntan “hacia lo que los inmunólogos defendemos, que la infección por SARS-CoV-2 puede generar en la mayoría de los sujetos una inmunidad protectora por mucho tiempo”, afirma Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI).

Para Manel Juan, jefe de Servicio de Inmunología del Hospital Clínic, lo más probable “mientras no se demuestre lo contrario (y no cabe esperar que sea distinto)”, es que la inmunidad generada por las vacunas sea duradera

En cuanto a las vacunas, “esperamos que puedan inducir un fenómeno semejante, aunque aún no está demostrado y debe comprobarse”, dice López Hoyos.

El primer obstáculo para alcanzar certezas en este punto es —ya se ha dicho— nuestro escaso tiempo de convivencia con el SARS-CoV-2. Pero hay más desafíos, relacionados con la propia complejidad de la respuesta inmunitaria humana.

Memoria inmunitaria

La respuesta defensiva tiene muchos actores, cada uno con funciones específicas. Para evaluar su duración una vez superada la infección los inmunólogos se centran en la inmunidad llamada adquirida o adaptativa, que permite el desarrollo de la memoria inmunitaria: el sistema recuerda los patógenos a los que se ha enfrentado y ante una nueva amenaza de infección genera rápidamente las armas específicas para neutralizarlos -por ejemplo, los llamados anticuerpos neutralizantes.

Entre los agentes responsables de la memoria inmunitaria están los anticuerpos, producidos por los linfocitos B; los linfocitos T cooperadores, o T-helper; los linfocitos T citotóxicos; y otras células que adquieren su especificidad a través de los anticuerpos.

Al desafío que supone analizar el comportamiento de cada uno de estos elementos se suma el hecho de que la respuesta inmunitaria varía mucho de una persona a otra.

“La característica definitoria de la memoria inmune de la covid-19 es la heterogeneidad”, señala el informe del CCAES. “Los distintos compartimentos de la respuesta inmune, los anticuerpos específicos frente al virus, las células B de memoria, las células T CD4 + de memoria y las células T CD8 + de memoria, presentan patrones diferentes en los distintos individuos y a lo largo del tiempo”.

Aun así, varios estudios han evaluado ya la memoria de los linfocitos T y B a los seis meses o más después de la infección. “Al evaluar específicamente las células T a los seis meses después de la infección en 95 sujetos, un estudio encontró células TCD4 + de memoria en el 90% de los casos y células TCD8 + de memoria en el 70% de los casos “, añade el informe.

A largo plazo también

Otros trabajos hallan resultados similares. La evidencia, en conjunto, apunta a que las células B de memoria incluso aumentan con el tiempo. Medio año después de la infección estas células no solo han crecido en número, sino que experimentan “una maduración por afinidad y expresaron anticuerpos neutralizantes de mayor potencia”, resume el documento del CCAES.

En mayo, otra publicación en Nature también concluía que la inmunidad a largo plazo es una realidad. El estudio, con 88 personas, concluye que incluso las que han superado la infección con síntomas leves generan defensas “robustas duraderas”.

“Esto es lo habitual en todas las infecciones exitosas, donde la respuesta inmunitaria puede eliminar al patógeno”, explica Manel Juan. “Cuando el patógeno desaparece, la cantidad de anticuerpos disminuye, pero no la memoria inmunitaria. Esta memoria permite incluso adaptar la respuesta a variantes del patógeno que inicialmente no sean del todo reconocidas por el sistema inmunitario. Por esta característica, el sistema inmune específico también se llama adaptativo”.

Para Juan, estos resultados “como siempre, necesitan la confirmación real, que es esperar años. Pero sí que son muy consistentes y debe considerarse así hasta que no se demuestre lo contario. Sería una gran sorpresa científica que hubiera al final un comportamiento distinto con una duración por debajo de décadas”.

De la misma manera concluye el informe del CCAES: “A la espera de nuevos estudios, con los datos disponibles hasta ahora, es probable que la memoria de las células T, la memoria de las células B y los anticuerpos persistan durante años en la mayoría de las personas infectadas por el SARS-CoV-2”